Demasiado tarde, incluso para morir.


Marcos es una de esas personas a las que no le hace falta aparentar nada mediante cosas accesorias (como ropa de marca o un 4x4) porque tiene entidad propia. Mide 1,80 m de altura, es fuerte y musculoso, aunque estrecho de espalda y de cadera. Tiene la piel morena y el pelo castaño oscuro, liso, espeso y fuerte, que le sale en todas direcciones.  Sus ojos son grandes y un poco caídos, de color miel, con pestañas largas y espesas. En cuanto a su rostro, es de mentón delicado, un poco marcado pero suave, y sobre su barbilla suele haber una barba de tres días. Pómulos altos y marcados, y nariz pequeña y respingona. Tiene las manos fuertes, pero a la vez ágiles y con dedos rápidos. A pesar de que ronda la cuarentena se ve bien y se siente joven, tiene ganas de disfrutar la vida y dedica parte de su tiempo libre a cuidarse y a disfrutar de la vida. Le encanta hacer deporte y sobre todas las demás cosas, su trabajo. Marcos trabaja en una gran empresa de animación que se dedica a hacer películas. Da vida a las fantasías de su cabeza y las convierte en verdaderas obras de arte llenas de magia para los más pequeños de la casa. Su trabajo es divertido, apasionante, y al fin y al cabo,  lo que siempre quiso hacer. Probablemente, le gustaría aunque lo hiciese en unas condiciones nefastas, pero si además le sumas que en su trabajo todos los compañeros se llevan estupendamente, no podría estar más contento en el ámbito profesional. Muchas veces peca de llevarse trabajo a casa, pero la verdad es que él no lo ve en absoluto como un trabajo, es lo que más le gusta hacer en el mundo y disfruta con ello.

 Está felizmente casado con la mujer de sus sueños. Ana es una de esas mujeres de bandera, que tienen tiempo para todo y parece que no sabe hacer nada sin rozar la perfección. No puede evitar colorear los días, y siempre pone arte en cualquier mínima cosa que hace. Es escritora, y muy constante con su trabajo, aunque siempre que puede intenta realizar nuevas experiencias con su marido para no caer en la monotonía de los días. Marcos está completamente enamorado de ella, y es comprensible. Lo que más admira en el fondo y en secreto es lo “limpia” que es, se podría mirar a través de su corazón como si este fuera una estructura de cristal casi transparente pero a la vez nacarado, lleno de luz y de matices, lleno de humanidad.

Desde hace cinco años tienen una niña, es ridículamente menuda para su edad, lo que le confiere un aspecto de indefensión. Sin embargo, es probablemente la niña con más carácter de toda la escuela. Se llama Paola y pareciera que tiene un don para descubrir qué documentos van a ser de gran importancia para el trabajo de su padre y destruirlos, mancharlos o comérselos. A Marcos, se le cae la baba, es incapaz de decirle nada a esa pequeña de grandes ojos negros, que pareciera que se ha tragado el universo, y de nariz menuda. Es un pequeño animal salvaje que hace que los días tengan un aire como de canela y limón.     

Hoy es un día muy importante para toda la familia, aunque sobre especialmente para Marcos. Es el preestreno de la última película en la que Marcos ha colaborado como dibujante jefe, además de ser el guionista más importante. En secreto, alberga bastantes esperanzas de que tras el preestreno le asciendan, es por eso por lo que, sentado en su silla espera impaciente a que lleguen Ana y Paola. Se están retrasando y él no puede contener la emoción, no quiere que lleguen tarde y se pierdan su gran momento. Además de que tiene una sorpresa para ellas, ya que la pequeña protagonista de la película está inspirada en su Paola. Pero, se retrasan ya demasiado, va a llamar, a ver qué pasa.

-          Cariño, ¿Cómo vais?, ¿Cuánto os queda?
-          Marcos, vamos por la autovía y hay un atasco horrible…
-          ¿Por qué autovía?
-          Creo que ha habido un accidente y nos tienen reteni…
¡Mamiiii, mami! - ¿Qué pasa Paola?, ¡Ah!, no me tires eso.
-          Nena, ¿Me oyes?
-          Sí, sí, dime.
-          ¡Daos prisa faltan diez minutos para empezar!
-          ¡Hago lo que puedo!, grita ella.
-          Perdona, aquí os espero cariño, un beso.
-          Adiós Marcos, ¡muack!, Paola dile adiós a papi.
-          Hasta luego papi.

Marcos ríe y mientras cuelga el móvil, se pone un poco colorado por dentro, al darse cuenta de lo afortunado que es, y se vuelve a sentar. Al poco se levanta y va a charlar con unos compañeros que acaban de llegar. Empieza la película y, aunque Ana y Paola no han llegado Marcos se relaja y disfruta viéndola.  Aunque no puede alejar completamente la sensación de que algo va mal, se relaja en su asiento y come palomitas durante la hora y media de la sesión. Hay retenciones, se dice, llegarán justo a tiempo para escuchar cómo me dan la noticia del ascenso, y sonríe para sí.

La película acaba de terminar y todo el mundo le felicita. Marcos está tan entusiasmado durante un rato, que incluso se le olvida que no han llegado. Empiezan a tomar unas copas y a charlar y Marcos se pone a hablar con su viejo amigo Roque, que ha venido precisamente para ver esta película porque sabe lo importante que es para él. En un momento dado de la conversación Roque le pregunta por Ana, y Marcos cae en la cuenta de que han pasado ya tres horas desde que habló con ella y sólo hay veinte minutos en coche desde la autovía hasta su trabajo. Se disculpa con Roque y se aleja un poco del gentío para volver a llamar. La línea comunica y lo mismo pasa las siguientes ocho veces que lo intenta. Decide llamar a su suegra por si ha pasado algo, pero ésta le dice que lleva sin hablar con Ana desde esa mañana. Preocupado, se despide de sus compañeros y se marcha a casa por si acaso estuvieran allí. Durante el trayecto en coche llama otras cuatro veces, la autovía paralela a la suya, que es la misma por la que habría de haber venido su familia está ahora vacía y no puede evitar sentir un escalofrío al oír una ambulancia a lo lejos.

Entra en el garaje y mientras está aparcando el coche piensa en las buenas noticias que tiene que contarles. Seguramente hayan vuelto y estén en casa esperándome. Abre la puerta y un espeso silencio le envuelve, escucha unos ladridos a lo lejos y congelado vuelve a llamar por el móvil, mientras tanto enciende la tele.

A los cinco minutos suena el fijo y le comunican que su mujer y su hija se han visto envueltas en un accidente múltiple. Ana ha fallecido en el acto, y Paola está en coma.
Se queda paralizado y, durante unos minutos no sabe qué hacer. Va a la cocina y vuelve al salón, se sienta en el sofá y vuelve a ir a la cocina. De pronto suena el teléfono. Será Ana, piensa para sí, y al cogerlo escucha un llanto.


Marcos empieza a sentirse incómodo  después de varias horas sentado en el taburete de aquel bar. Con un gesto de la mano el camarero le pone otra copa. La última, le dice mientras apoya el vaso en la barra. Marcos se la bebe de un trago largo y deja un billete al levantarse. Al llegar a su apartamento coge el bote de prozac y se mete tres pastillas en la boca. Suicidarse no sería tan mala opción, piensa de nuevo, aunque han pasado ya quince años, ya ni si quiera tendría sentido. Decide levantarse aunque la cabeza le da vueltas y vuelve a caer sobre la cama. Suena el timbre y al abrir la puerta se encuentra a sus nuevos amigos Toni D. y Lirio, vienen a echar una partida.

-                    -       ¿Qué hay Fran? ¿Ya estás borracho tío?, te podrías haber esperado a que llegáramos.

-          Pues nada tíos, para ponerme a tono antes de la timba. Escuchad esta noche vamos a dar el susto a los amigos de Nico, he avisado a los primos y estarán esperándolos en la esquina de la panadería para cuando salgan de aquí […]



Como cada noche al acostarse, Marcos vuelve a mirar la foto ya arrugada y medio deshecha de Ana y su pequeña Paola, ni si quiera sabe si murió o se habrá despertado del coma. Fue incapaz de soportar todo aquello. Ahora ya está demasiado lejos de allí, demasiado lejos de dar algún sentido a su vida. Ya es demasiado tarde, incluso para morir.

Lero.

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