Así es ella.
Su cabeza es un mar embrabecido de olas que se estrellan contra las rocas. Cuando baja la marea el oleaje se calma, sí, a veces se calma.
En su pecho un pequeño corazón amarillo, esponjoso y mojado. Se lo llevaba caliente y echando chispitas.
En sus ojos se llevaba rayos de sol de invierno mezclados con hojas secas y un trozo de sus sábanas. Bien escondido, sólo se ve al trasluz.
En su tripa, arena seca y tierra con olor a lluvia, con unos troncos apilados y vientos infernales que lo desordenaban todo con demasiada frecuencia.
Por esos lares se había instalado un okupa hacía algún tiempo, y ahora que ella lo había conocido no le importaba demasiado que estuviera allí, al fin y al cabo, era parte de su casa. Incluso a veces tomaba té reunida con sus miedos, para ir conociéndose un poquito mejor.
Y asó se soltó al mundo y se dejó flotar. Porque estaba enamorada de la vida, y de sus colores.
Lero.
En su pecho un pequeño corazón amarillo, esponjoso y mojado. Se lo llevaba caliente y echando chispitas.
En sus ojos se llevaba rayos de sol de invierno mezclados con hojas secas y un trozo de sus sábanas. Bien escondido, sólo se ve al trasluz.
En su tripa, arena seca y tierra con olor a lluvia, con unos troncos apilados y vientos infernales que lo desordenaban todo con demasiada frecuencia.
Por esos lares se había instalado un okupa hacía algún tiempo, y ahora que ella lo había conocido no le importaba demasiado que estuviera allí, al fin y al cabo, era parte de su casa. Incluso a veces tomaba té reunida con sus miedos, para ir conociéndose un poquito mejor.
Y asó se soltó al mundo y se dejó flotar. Porque estaba enamorada de la vida, y de sus colores.
Lero.
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