Le ves. Leves.

Una hoja armada con una ramita de hojas te hace cosquillas en el hueco entre la uña y la carne del dedo gordo del pie izquierdo. Los segundos siguen golpeando el tiempo como prisioneros perpetuos que pican piedra en su cárcel, privados de libertad. Estás desnudo, tumbado en el suelo y sólo sientes tus brazos y tu cabeza. A lo lejos el rumor de agua de una ducha y ruido de la televisión. Ahora una avispa pica el empeine de tu pie derecho desde dentro. Estaba conduciendo por esa zona y pensaba que andaba por allí una salida. Tus pulgares están calientes y sobre tu cuello te reconfortan en un sentido sexual. El agua se empieza a cristalizar entre tus pechos y en las axilas, ahora los que circulen por esas vías tendrán que llevar cadenas. Te quieres, te quieres tanto que duele. Hace algún tiempo que os lleváis muy bien, a veces las vías de comunicación andan algo cortadas pero lo cierto es que siempre que me escuchas las cosas funcionan bien. Tú cuidas de mí y yo cuido de ti, no dejaré que nos pase nada malo y si pasa, lo superaremos juntas.
- Eres mi pequeña niña, a veces algo asustada, a veces algo inocente, a veces algo valiente. Pero yo confío en ti, siempre acabas llevando razón, aunque no me expliques por qué.
Nos levantamos a la vez, nos levantamos leves. -.-

Lero.

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