Naufrag(ando).
Podríamos cambiar la metáfora del ermitaño por la de que ahora soy un náufrago que flota a la deriva.
Saliendo de mi barca y pisando la orilla la marea se agita y me devuelve a las aguas profundas.
Que sí, que yo ya me había acostumbrado a vivir sobre el reflejo de la luna, pero quería tierra firme.
Y no, no me conformo con la arena que guardo en los bolsillos. Hoy se desliza absurda por los bajos de mis pantalones.
Y me recuerda que no tengo barca, que sigo flotando a ciegas y que quizá haya nadado en paralelo hacia el meridiano equivocado.
Lero.
Saliendo de mi barca y pisando la orilla la marea se agita y me devuelve a las aguas profundas.
Que sí, que yo ya me había acostumbrado a vivir sobre el reflejo de la luna, pero quería tierra firme.
Y no, no me conformo con la arena que guardo en los bolsillos. Hoy se desliza absurda por los bajos de mis pantalones.
Y me recuerda que no tengo barca, que sigo flotando a ciegas y que quizá haya nadado en paralelo hacia el meridiano equivocado.
Lero.
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