Vaciándome.
Llevaba días con un nudo en el pecho que le impedía sentirse completamente a gusto, se estaba empezando a colapsar porque no conseguía ordenar su cabeza y las palabras no venían a su mente para ayudarla.
Así que un día de aquellos, harta de esperar a que pasara cogió un cuchillo y se abrió el pecho en canal. Empezaron a salir frases a borbotones, disparadas inundaron el suelo de la habitación. Salían propulsadas por lo que le pareció, agua salada. Tras el chorro inicial las palabras seguían goteando el suelo, aunque cada vez a un ritmo más lento. Se sintió bastante aliviada, aunque aun faltaba más.
Abrió la herida y con un espejito miró dentro, algunas de esas palabras se concentraban taponando viejas heridas de su corazón, demasiado encalladas para quitarlas, otras se hallaban desparramadas en el fondo de su estómago revueltas entre un líquido rosado y pegajoso y una docena de mariposas muertas.
Sacó todo eso y lo guardó en un bote. Después recogió todo lo que había caido al suelo y lo limpió muy bien. Hizo dos montones y uno lo tiró a las vías del tren para que viajara muy lejos, el otro al viento en forma de música para que calara muy hondo.
Más tarde, cuando volvió a casa abrió el bote y se dispuso a ordenar su contenido en el suelo. Tras varios días exhausta y al fin tranquila parió un pequeño papel que así decía:
"Se nos hizo tarde para arriesgarnos, si es que hubo algún momento para ello. Eramos como una olla calentándose pero que nunca llegó a hervir. Teníamos tu y yo distintos puntos de cocción, aunque las especias hacían el puchero un plato especial. Los sentimientos que callaste, se te ahogaron en las tripas y las mariposas se suicidaron antes de ver aburrirse al amor. En nuestro caso la curiosidad no mató al gato, sino que el gato murió por falta de curiosidad, o por esquivo y cauto; por dejarlo pasar."
Lero.
Así que un día de aquellos, harta de esperar a que pasara cogió un cuchillo y se abrió el pecho en canal. Empezaron a salir frases a borbotones, disparadas inundaron el suelo de la habitación. Salían propulsadas por lo que le pareció, agua salada. Tras el chorro inicial las palabras seguían goteando el suelo, aunque cada vez a un ritmo más lento. Se sintió bastante aliviada, aunque aun faltaba más.
Abrió la herida y con un espejito miró dentro, algunas de esas palabras se concentraban taponando viejas heridas de su corazón, demasiado encalladas para quitarlas, otras se hallaban desparramadas en el fondo de su estómago revueltas entre un líquido rosado y pegajoso y una docena de mariposas muertas.
Sacó todo eso y lo guardó en un bote. Después recogió todo lo que había caido al suelo y lo limpió muy bien. Hizo dos montones y uno lo tiró a las vías del tren para que viajara muy lejos, el otro al viento en forma de música para que calara muy hondo.
Más tarde, cuando volvió a casa abrió el bote y se dispuso a ordenar su contenido en el suelo. Tras varios días exhausta y al fin tranquila parió un pequeño papel que así decía:
"Se nos hizo tarde para arriesgarnos, si es que hubo algún momento para ello. Eramos como una olla calentándose pero que nunca llegó a hervir. Teníamos tu y yo distintos puntos de cocción, aunque las especias hacían el puchero un plato especial. Los sentimientos que callaste, se te ahogaron en las tripas y las mariposas se suicidaron antes de ver aburrirse al amor. En nuestro caso la curiosidad no mató al gato, sino que el gato murió por falta de curiosidad, o por esquivo y cauto; por dejarlo pasar."
Lero.
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