Perra.
Cogió aire y volvió a hacer submarinismo entre sus sábanas, otro día más que no quería enfrentarse al mundo.
Empezaba a ser fastidioso pero debía empeñarse en aguantarse, aunque muchas veces resultaba difícil.
Todos los días veía gente de la que sería asombrosamente fácil enamorarse, pero lo que más le costaba últimamente era enamorarse de ella misma, aunque conocía de sobra las razones. La vida ya no le hacía ilusión aunque era tan puta de presentarle la ajena en bandeja.
Había perdido la llave y vivía en el felpudo de bienvenida de su propia casa, como una perra olvidada. Y ya sólo solía dejar la llave de sus bragas a quien invitaba.
Lero.
Empezaba a ser fastidioso pero debía empeñarse en aguantarse, aunque muchas veces resultaba difícil.
Todos los días veía gente de la que sería asombrosamente fácil enamorarse, pero lo que más le costaba últimamente era enamorarse de ella misma, aunque conocía de sobra las razones. La vida ya no le hacía ilusión aunque era tan puta de presentarle la ajena en bandeja.
Había perdido la llave y vivía en el felpudo de bienvenida de su propia casa, como una perra olvidada. Y ya sólo solía dejar la llave de sus bragas a quien invitaba.
Lero.
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