T'estime, t'estimo, t'estim.

Hace mucho mucho tiempo aquellos dos insensatos se conocieron jugando con el destino. Y desde entonces no han dejado de hacerlo, no han dejado de jugar con fuego; y de quemarse. No han dejado de reírse del tiempo y de la vida, de reírse del amor y de lo establecido. Y aunque perdían, porque siempre perdían, no podían dejar de jugar. Y el destino, claro está; se vengó. Jugó sus cartas por ellos y los enfrentó una y mil veces enfadado por la insistencia de esos dos locos con seguir jugando a quererse. Ellos dos, enamorados, intentaron engañarlo por todos sus medios, pero sólo en ocasiones podían ver la irrealidad del feo mundo que se les proyectaba y se pararon en una y mil piedras reprochándose el uno al otro haberlas puesto en su camino, y se cayeron demasiadas veces como para salir con vida de aquel puto juego; y se intentaron creer la mentira de que no se querían, y se querrían siempre ;y se la creyeron. Se la creyeron una y mil veces y con todas sus fuerzas, aunque había destellos de claridad: el amor, siempre tan osado intentaba con todas sus fuerzas no ahogarse, y a veces lo conseguía, destrozándolos más. Y ellos, inteligentes, empezaron a jugar a otro juego, un juego con el que engañar al destino hasta que este los dejara en paz. Se entrenaron duramente para poder vivir el uno sin el otro, y cada vez lo conseguían durante más tiempo, aunque a veces no podían evitarlo y fallaban; pero seguían intentándolo con todas sus fuerzas, porque aquella era la única manera de poder sobrevivir al  dolor con que les atenazaba el corazón el destino constantemente. Y el destino, cómo no, esto también lo supo y les hizo sufrir mil dolores más nunca antes conocidos, y consiguió que su corazón y sus entrañas se deshicieran en miles y miles de lagrimas y sufrimiento, y les aburrió en días grises y gente sin valor, en mares de hostilidad y en un mundo que destilaba podredumbre por los cuatro costados, les enterró en vida y les quitó el sentido de sus vidas y les atrapó en un problema sin solución que dolía demasiado para pensar en él. Y ellos, muertos, chafados, cansados y locos sufrieron y sufrirán, queriéndose hasta el fin de sus días, por encima de todo lo demás.

T'estime, t'estimo, t'estim.

Lero.      

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