Toritas, como violetas bravas.

 Qué cierto es aquello de que a quien más se ama más se odia,

los extremos se tocan, están al cruzar la calle, a un solo pasito de inconveniencia.


Aún puedo recordar el agradecimiento que hizo de cimiento para nuestra semilla,

aún puedo observar el juego de dos niñas de arena jugando a ser artistas.

Todavía siento el empoderamiento mutuo que nos hizo creer, 

obviar las dudas y, de la mano, desarraigarnos un ratito del miedo.

Aún puedo sentir, el viaje de crecimiento exponencial que comenzamos juntas,

los detalles de amor y el abrazo al corazón de dos almas provincianas fantaseando con Gran Vía.

Todavía permanece la mano amiga dada para sobrevolar la incertidumbre, la exposición, lo nuevo;

y atreverme a dar voz a una parte de mí que era tan linda, tan linda... 


No sé si seas consciente del regalo que me hiciste, pero siempre te estaré agradecida.

Quizá este rechazo sea hacia mí, un reflejo de tu papel de víctima;

pero también creo que como amiga tengo que decirte que estás siendo egoísta.

Y que esta distancia es por las dos, no creo que sea justo que no seamos recíprocas,

ni para ti invalidarte; y que no podamos ser vistas.


Ojalá algún día te des cuenta de que no necesitas ser sombra y que puedes salvarte a tí misma, 

que eres una enorme luz, aunque a veces te deslumbra; 

y que ya lo tienes todo para amamantar a tu niña.

 

Lero.



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