Acerca de la renuncia.
Renunciar a algo podría parecer fácil pero se puede llegar a hacer algo extremadamente complicado según de qué se trate.
Renunciar a un objeto,
renunciar a un plan,
renunciar a un propósito,
renunciar a alguien.
Pero no creo que se trate de renunciar a alguien, eso es algo que hacemos muy a menudo. Entonces, ¿por qué se hace tan doloroso? Y no es que tengas que hacerlo pero es que no puedes fantasear con que el estado de eso sigue igual, porque hace mucho mucho que ha cambiado y es alimentar a tu mente con una mentira. Y claro, el cerebro cree todo lo que piensas.
Y no es tanto que duela o que no lo comprendas. Puede que fuera así al principio, pero ahora ya te has acostumbrado a vivir sin esa persona, incluso la vida puede que sea mejor, que sufras menos a menudo y tengas menos conflictos. O que te hayas desarrollado en aspectos en los que mantener ese vínculo te frenaba, o al menos te hacía quedarte estancada en un lugar. Y lo sabías.
Pero es que siento que renunciar a esto es renunciar a un ideal, a un propósito de vida, y a cosas que deseo profundamente para mí, y que por un instante parecía haber encontrado. Quizá se trate de ese engaño, quizá fue una mentira que me conté y me creí, o quizá fue cierta por un breve momento; pero no más.
Pero claro, somos como niños, caprichosos. Y nos aferramos a que eso que tantísimo hemos deseado se materialice, y cuando lo vemos fuera y lo rozamos... no queremos renunciar a ello, y nos quedamos diciendo para dentro "un poquito más, sólo un poquito más, no se puede acabar ya..."
Y en ese aferrarnos dejamos de ver lo que pasa, para ver nuestra fantasía. Dejamos de ver al otro, para mirarnos a nosotros mismos, e incluso podemos llegar a aplastarle y manipularle para hacer que encaje en nuestra peli. Como un director guiando a sus actores: "te has salido de plano, tu comportamiento no encaja con el desarrollo del personaje, mira es así, ñiñiñi..."
Y hemos normalizado tanto este comportamiento, que estamos acostumbrados y hasta parece normal. Porque en parte, supongo que es necesario para vivir en este mundo terrenal, y ponernos un poco de acuerdo. Como un congreso de directores discutiendo entre sí cómo tiene que ser la película, con un montón de opiniones y parlando como loros. Pero lo ideal sería hacerlo de la manera menos egoísta posible, aunque tiene un tanto de paradoja, porque vivir aquí ya implica al ego.
Entonces estamos constantemente en busca de algún tipo de equilibrio entre dentro y fuera, porque estamos atrapados en este cuerpo que nos separa del resto. Aunque en sentido global todo siga funcionando en base a un "director" más grande.
Y la conclusión, es que la clave es el amor, el motor para que el mundo y cada uno de nosotros se desarrolle y evolucione. Y sí, lo es. Pero nuevamente es tan difícil saber hacerlo bien. Es algo que me preocupa enormemente... y a veces siento que crezco muchísimo y que no paro de avanzar, o que quizá todo este sufrimiento es necesario para mí porque he pedido un amor grandioso, y lo deseo de corazón. Algo profundo, bello y sano. Y claro, para llegar a ello tengo mucho que aprender. Quizá el destino final sea el propio aprendizaje. Aprender a amar cada vez más abundante, generoso, duradero, sano, seguro y luminoso.
En contraparte, otras veces siento que soy idiota, que este mundo se mueve por apariencias, que vales lo que pidas, y que sino lo luchas parece que nadie te tiene en cuenta o te da prioridad. Y siento como que no digo lo suficientemente a menudo cómo me siento qué necesito, o que quiero. Esta es la parte de la pereza de la que hablaba Scott Peck, pereza al darte amor a ti mismo por ejemplo, o a no asumir la responsabilidad de tu propia existencia y seguir esperando que te ayuden y procuren tu felicidad, porque no sabes cómo hacerlo sólo.
Y así te ves en una nueva paradoja de estar aconsejando esto que llegaste a ver claro a otro ser, y practicando lo contrario en el transcurso de unas pocas horas, porque fijar ese aprendizaje requiere de una enorme disciplina y constancia.
Y volviendo a lo de la renuncia, es como si renunciar a ese ideal de vida supusiera darle la razón a tus demonios internos que dicen que no lo mereces. ¿Quizá de ahí venga el sufrimiento? De que en algún punto has pasado a tratarte con desprecio y decirte que no mereces amor, que no mereces cuidado. Y que además no puedes solo, no sabes y deberías, y no deberías pedir ayuda porque es egoísta y lo mejor es que te quedes esperando que venga alguien más a hacerte las cosas.
Y esta otra parte, tiene que ver con la renuncia pero más con la costumbre, pues desaprender una cosa así es ir en contra de algo que has aprendido desde que naciste, y de un mensaje que te repiten constantemente, como estar en un banco de peces que te lleva en una dirección pero sin decidir el camino. Y al final la libertad no es más que poder controlarte lo suficiente como para decidir el camino.
Lero.
Comentarios
Publicar un comentario