De la culpa que no es mía.

No puedo aceptar esta culpa con que pretendes humillarme,
porque no es mía.
Es tu inseguridad quien habla cuando necesitas quedar por encima de mí,
pero esto nunca fue una competición entre ambos.
Nunca debí aceptar tus celos, pero como una madre sobreprotectora pensaba:
"aún es joven, entiendo por qué hace eso", pero entender no debe suponer aceptar.
Al aceptarlo me anulo, y no te ayudo en nada. Has tenido mucho tiempo para mirar tus celos,
pero siguen ahí como el primer día. No son míos, no es mi responsabilidad cuidarte; aunque me duela terriblemente renunciar a ello, porque quiero hacerlo.
Eres el hijo que se ha ido de casa, abandonando el nido, y yo tengo que usar tu habitación para nuevas cosas, aunque lo que quisiera es dejarla intacta para cuando vengas.
No me respetas, pero es normal si yo no pongo límites. Tu irresponsabilidad, el justificar hacer el cafre por el alcohol, y la inmadurez que tienes siendo tan poco empático no me van a salpicar más.
Eres tú quien me ha echado de su vida, quien no quiso luchar más, miró con ojos oscuros la relación y no me aceptó como soy.
Eres tú quien rompió nuestro contrato, no fue honesto con lo que quería y me culpó de todo ello.
Y no te juzgo, no me enfado ya, o ya me enfada menos, pero no me humilles encima.
Yo no soy tu víctima, y no acepto que te acerques a mi para medir tu poder más, déjame en paz, o perderás todo, más de lo que ya has perdido.
Soy una persona estupenda, pero hay límites. Quizá da la impresión de que soy débil, pero nada más lejos de la realidad. Tengo la certeza de que puedo pasar por mucho, porque ya lo hice antes.
No quiero pasar por la tristeza, aunque ahora es el camino, pero he estado tanto tiempo ahí y te deja tan sin energía que no quiero. Aún así lo haré, porque soy responsable, he aprendido mucho.
No quiero que te vaya bien ni mal, la verdad me da lo mismo.

Lero.

Comentarios

Entradas populares