La postguerra del alma.
Aún a veces, cuando te recuerdo, algo en mi pecho supura.
Siempre he creído que el dolor es una ponzoña viscosa que conquista tu cuerpo a base de asaltos venosos y cruentas batallas arteriales.
Pero ha pasado el tiempo, el dolor ganó nuestra guerra y ahora solo quedan devastados corazones que los pequeños coágulos sanguíneos intentan reconstruir día a día.
El amor no pudo con el sufrimiento de ver morir a los suyos y puso fin a su penosa vida, la Esperanza tuvo que partir al exilio y la Ilusión fue capturada como prisionera. Ya nadie se atreve a preguntar por ella. Los humildes habitantes del pueblo Llanto ahora conviven con la resaca del idilio y los oídos taponados por el ruidoso eco de lejanos besos, entre escombros de vidas rotas y sueños reducidos a polvo. Todavía algunos soldados del escuadrón de la Pena pasan por allí a veces para regodearse en su dantesca obra y humillarles. ¿No habrá paz para los malvados?, no habrá paz para nadie.
Lero.
Siempre he creído que el dolor es una ponzoña viscosa que conquista tu cuerpo a base de asaltos venosos y cruentas batallas arteriales.
Pero ha pasado el tiempo, el dolor ganó nuestra guerra y ahora solo quedan devastados corazones que los pequeños coágulos sanguíneos intentan reconstruir día a día.
El amor no pudo con el sufrimiento de ver morir a los suyos y puso fin a su penosa vida, la Esperanza tuvo que partir al exilio y la Ilusión fue capturada como prisionera. Ya nadie se atreve a preguntar por ella. Los humildes habitantes del pueblo Llanto ahora conviven con la resaca del idilio y los oídos taponados por el ruidoso eco de lejanos besos, entre escombros de vidas rotas y sueños reducidos a polvo. Todavía algunos soldados del escuadrón de la Pena pasan por allí a veces para regodearse en su dantesca obra y humillarles. ¿No habrá paz para los malvados?, no habrá paz para nadie.
Lero.
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