Los jueces corruptos con alma corrompida.

Sin nadie que te diga qué hacer, cómo ser, cómo actuar o qué esperan de ti. Como máximo castigo la indiferencia y el pasotismo por bandera, la hipocritud, desconfianza y recriminación constante. Sin nadie en quien verdaderamente confies lo suficiente como para poder contarle tus máximos temores, tus pensamientos más oscuros y tormentosos, sin nadie que te juzge lo suficientemente poco como para poder actuar con total libertad a su lado, para poder sentirte tu, para conseguir lo más buscado y el único secreto para cualquier cosa del mundo, la autenticidad, y es curioso porque todo es dentro de una gran mentira, de un gran show de Truman en el que nada ni nadie es auténtico, imperecedero, inmortal, verdadero o eterno. La vida en si es una gran mentira, por eso se dice que es puta, porque lo único que se hace es crear la gran ilusión de que hay cosas que te gustan o agradan, la gran ilusión de la felicidad, pero que al mismo tiempo es lo único que hace que no nos volvamos completamente cuerdos, que los locos son las únicas personas lúcidas y los muertos las únicas reales y verdaderas, los recuerdos son la única cosa que nunca queda en el pasado. Y yo me voy de fiesta con mi corazón blandito llorando como siempre en las zonas más inhóspitas, esas que quizá en algún futuro conoceré. Porque cojones si ni siquiera uno mismo acaba nunca de conocerse porque los estúpidos y egocéntricos humanos nos creemos en algún tipo de derecho o deber de opinar sobre el derecho de ejercer lo único únicamente humano, su libertad.

- Pregúntale si es cierto que nadie la ve sonreír.
- Pregúntale qué añora y en qué piensa cuando llora.
- Pregúntale si el tiempo cambia, o sigue lloviendo.

Lero.

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