El suspiro envenenado.

Cuando muere el amor, la ilusión y esa clase de cosas invisibles que necesitamos de forma desesperada como algo necesario para sobrevivir, es como cuando el mar, arrollador, borra las huellas en la arena de nuestros pasos, pero,¿a dónde van a parar?, ¿qué queda de las desilusiones y el desamor?. El dolor se queda grabado a fuego en algún lugar del corazón al que es imposible acceder y, sin embargo, desde el que envenena todo nuestro ser. El fuego se queda grabado a fuego y nos enfría la mente, el corazón, los sentimientos y hasta el aliento. Y en el la escarcha vaporosa de cada suspiro se escapan trocitos de él.

Lero.

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