Show must go on


Empieza el concurso. El presentador muestra el escenario, o mejor dicho los diversos escenarios por los que se desarrollará el juego...
Me encuentro en un acantilado, mirando hacia abajo puedo ver al presentador, maldito diablo, no recuerdo como he llegado aquí pero algo me dice que tengo que estar alerta.
Para empezar el juego tendremos que bajar por una escalera con tablones resquebrajados de madera, una especie de puente con barandillas de cuerda, al final de este hay una isla con forma de calavera, qué irónico, a mi alrededor hay una serie de variopintos concursantes entre los que se encuentra Miriam una chica de mi academia a la que habré visto en contadas ocasiones, me pregunto si ella tendrá algo que ver con esto.
El presentador indica que el juego empieza en tres, dos, uno...¡Qué comience el espectáculo!
Los concursantes empiezan a descender por la escalerilla, algunos caen debido a los agujeros y el hueco que queda entre la barandilla, que es una cuerda deshilachada, y el maltrecho puentecillo, al final del puente hay unas escaleras que bajan sobre la propia ladera de la colina, ya estamos en la isla antes de llegar al centro de la calavera puedo darme cuenta de que hay trampas en el camino ocultadas de manera que solo se pueden ver desde una posición más alta. Gracias a esto soy capaz de esquivarlas y junto a un número de cuatro concursantes llegamos a lo que supondría el ojo de la calavera que es una trampilla que va a parar a una escalera de mármol de caracol, la bajamos a la carrera y llegamos a lo que parece un puerto que está al lado de un río artificial de poca profundidad en el que se puede divisar el suelo de mármol blanco. En el puerto, curiosamente, nos esperan cinco maquinas que me recuerdan a las que se usan en las minas para desplazarse por las vías pero el mecanismo funciona de la misma forma que una bomba de agua. Las cogemos y comenzamos a bajar rápidamente el río, durante el descenso observo que Miriam me está mirando, derrapamos y esquivamos rocas, pasamos por debajo de un puente y llegamos a una densa bruma, cuando me quiero dar cuenta estoy volando por el aire, lanzada por la potente fuerza de unas cataratas que culminan el violento río...


Lero.

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